Otra vez el Carnaval y otra vez el antisemitismo disfrazado de humor. El artículo cuestiona el uso reiterado de símbolos del nazismo y la Shoá —como la metáfora del “jabón”— en propuestas carnavalescas que se amparan en una supuesta ironía para justificar la ofensa.
Otra vez, Carnaval. Otra vez, a lidiar con los contenidos antisemitas.
El año pasado los parodistas ‘Caballeros’ nos dieron una buena excusa para repasar Shakespeare. La discusión centenaria acerca del antisemitismo de Shakespeare en ‘El Mercader de Venecia’ se tornó superflua con ‘la puesta’ que se presentó al público uruguayo: recogía todo el antisemitismo pasible de ser encontrado en la obra. La elección fue adrede.
En el mismo espíritu, cuando este año una murga (otro género, misma intención) elije parodiar regímenes absolutistas como el régimen nazi no resiste la tentación de referirse a la guerra en Gaza ni usar la metáfora del ‘jabón’, producto que los nazis producían en los campos de concentración a partir de cadáveres. Cadáveres de judíos, básicamente.
Últimamente he seguido muy de cerca los monólogos del británico Ricky Gervais, famoso por su humor negro, agresivo, irreverente, casi despiadado. Su famoso monólogo en los premios Globo de Oro de 2020 no miente: las reacciones de todos los participantes son tan gráficas como agresivo y grosero su humor. A ninguno de los involucrados le gustó.
Lo cual me obliga a preguntarme: ¿me gusta Gervais, realmente? ¿O siento admiración por su desenfado, su mente brillante, la agudeza de su lenguaje? Después de ver recientemente su monólogo ‘Mortality’ en Netflix concluyo que es más lo segundo que lo primero: definitivamente, no me gusta el humor hiriente.
Tal vez por eso disfruto más los extractos que me traen las redes sociales que el producto completo que me ofrece Netflix. Si alguna vez deseé poder verlo en vivo, hoy estoy seguro que gastaría mi dinero en experiencias más gratificantes. Tampoco pago por ver Carnaval, jamás: ni tablados ni Teatro de Verano.
No obstante, sí disfruto la murga que hace Jaime Roos: nostalgia, costumbrismo, y sensibilidad.
Puedo entonces afirmar con cierto criterio que el contenido de la puesta de la murga ‘Doña Bastarda’ es inequívocamente antisemita y su alegato de que es ‘ironía’ está inequívocamente errado. La más grave entre ambas acusaciones es la primera porque es alevosa e intencional, mientras que la segunda refiere ‘simplemente’ (léase ironía, por favor) a burda ignorancia.
La Real Academia Española define ‘ironía’ como ‘burla fina o disimulada’, ‘tono burlón’, ‘expresión que da a entender algo contrario o diferente de lo que se dice, generalmente como burla disimulada’. En términos semióticos ‘la ironía es un signo que subvierte su propio sentido convencional para crear nuevos significados, a menudo humorísticos, críticos o trágicos’.
En definitiva, la ironía ni explica ni justifica la alusión directa al ‘jabón’ producido por el régimen nazi. Tampoco aplica lo de ‘disimulo’ y mucho menos lo de ‘dar a entender algo distinto a lo que se dice’. En todo caso, ‘el signo que subvierte su propio sentido’ (el jabón) crea un significado trágico. Por lo menos para una minoría específica, los judíos. Cada año se ocupan de traer un signo distinto para lastimar(nos).
El contenido de la letra de ‘Doña Bastarda’ que finalmente el INAU autorizó (como no podía ser de otra manera) es antisemita porque, a diferencia del humor de Ricky Gervais u otros que cultivan un género similar, la murga y el Carnaval uruguayo en general ‘se meten’ sólo con los judíos, con Israel, con Gaza, y eluden e ignoran situaciones y personajes que rendirían muchísimo si tan sólo se esforzaran un poco. ¿Alguien puede dudar del potencial de Maduro como personaje cómico? ¿Alguien puede dudar del potencial de algunas encumbradas figuras del actual gobierno? Si elegimos reírnos del linaje de algunos o de cierta aristocracia vacuna, ¿por qué no reírnos del populismo exacerbado de otros? Cuando el humor viene con destinatario inequívoco deja de ser tal para convertirse en ofensa. Cuando no nos reímos de todos, estamos ofendiendo a las minorías. Hay minorías protegidas y otras no.
El ‘consuelo’ de estos tiempos (léase ironía, por favor) son las redes sociales. Allí todos quienes cultivan un poco de cruel creatividad pero no comulgan con ‘la cultura popular’ (la que ampara el gobierno y el Frente Amplio) tienen la oportunidad de expresarse sin pintarrajearse, disfrazarse, o subirse a un tablado pero, sobre todo, sin obedecer al mandato ideológico imperante.
Para los judíos, cualquier alusión a ‘convertirse en jabón’ es cruel. Y todo el mundo lo sabe. No hay nada irónico en el uso de la figura del lenguaje, sino pura crueldad. A quienes se quejan: déjense de jodernos la existencia y estén seguros que dejaremos de victimizarnos. Tal vez nos cueste, son muchos siglos de persecución. Pero valdría la pena intentarlo.